Casi cualquiera. Puede resultarme agradable o desagradable. Puedo tener una opinión favorable, neutra o desfavorable de su calidad. Puede resultarme aburrida o apasionante. Es como con la vida. Las cosas que nos inspiran a escribir de la vida, no siempre son agradables, apasionantes y nos generan opinión favorable. Muchas veces escribimos sobre cosas que nos generan aversión, tedio, repulsión, etc. O podrían no generarnos nada; ni cosquillas. Pero el acto de escribirlas, las transforma, les elimina su condición de cosa, y por tanto se nos es permitido como escritores, separarnos de nuestras apreciaciones al respecto, y las podemos convertir en un producto artístico, literario en este caso. Escribir sobre algo que repudio no cambiará mi visión de ello, pero el texto resultante podría no reflejar nada de ello, ni lo positivo o lo negativo. Cognitivamente hablando, es imposible para el hombre predecir de qué estímulo obtendrá una idea. Es por ello que suelo ser bastante tolerante con las lecturas. Se necesita de bastante para que yo deje de leer algún libro que ya he empezado. Para la fecha, sólo he hecho esto con una docena (algunos de los cuales espero poder concluir en algún momento de mi vida). Y de muchos de aquellos textos incompletos, también han salido ideas, algunas incluso recurrentes en mi propia literatura. La inspiración no está en las cosas. Está en su intrincada comunicación con el todo cognitivo de cada quien.   | | |
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