Hay una frase de Stefan George, que me parece a propósito para contestar esta pregunta: “Sólo por la magia se mantiene despierta la vida”. Debería agregar y la visión poética. Yo pienso que la literatura es un estado de gracia y que el poeta redescubre el poema o el poema lo descubre a él. Por eso, para mí, la realidad es una lectura en negativo y el ensueño es una revelación en positivo. El buen poema se piensa a sí mismo. Con esto quiero decir que yo escribo mis sueños y al despertar, entro en otro todavía más profundo que me empuja a reinventar la realidad. Por eso una naturaleza poética, como en Blake, siempre tiene visiones. Pero una naturaleza no poética, tiene vociferaciones. El mal poema se delata a sí mismo. En cuanto a mi proceso creativo, me voy a mi “Ars poética”, publicada en 1979 en Amsterdam: La palabra adquiere para mí una relación oracular. Es un destilamiento severo, paciente, del discurso que sugiere el movimiento de los cinco dedos de una mano invisible. Instrumento capaz, pienso, de tomar sin someter; de dominar sin oprimir; de encantar sin mediatizar; de liberar sin perder la sensación ajustada a las reglas de construcción, ética y estética, del propio oráculo del poeta. La verdadera poesía ha conseguido desprenderse de la imitación... Mi método se sintetiza en las siguientes premisas: anteponer a cualquier verso una intención verdadera, precisa. Darle a esa intención visualidad, diafaneidad, garra de tono. Hacer del tiempo, una experiencia múltiple, nunca lineal. Por eso trato de atrapar la verdad de un golpe. Ya que el poema no puede reducirse a un acumulamiento de imágenes ni un empleo desmedido de los vocablos. Me gusta enfrentarme a situaciones difíciles, a complicaciones verbales que integren un engranaje nuevo. ¿Qué ocurre antes de sentarme a escribir?... Nada. Cuando escribo generalmente no sé si estoy sentado o de pie o caminando por una estación solitaria... Es impredecible. Ahora, cuando reescribo, sí. Trato de acomodarme lo mejor posible frente a la hoja en blanco.   | | |
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