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¿Qué hace que un personaje resulte creible? ¿cómo creas los tuyos?
 
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Es un secreto ;) 


Hago que tenga todo lo que tendría una persona real.
Sus conflictos internos, sus cabreos, sus pasiones, sus costumbres, sus manías. Me gusta detallar cada gesto, cada movimiento. Si mi personaje tiene costumbre de retirarse el pelo de la cara en X momento, lo resalto...le hago parecer lo más real posible.
 


Para que un personaje sea creíble este tiene que tener sus habilidades y debilidades, no es perfecto, pero también es especial y puedes sentirte identificado con él o con lo que le sucede. 


Una persona que te puedas encontrar en la calle. Alguien que no sea un super-hombre o super-mujer, sino alguien cotidiano.
Suelo fijarme en personas que me llaman la atención por su sencillez, y a partir de ahí, creo toda una historia.
 


x la forma en que se desarrolla la historia 


No hay nada más cierto que la realidad basada en la verdad y en hechos que puedan ser corroborados. La factibilidad de un acontecimiento, lo descriptivo y comprobable es vital para que la historia sea creíble. Hoy en día la gente maneja más información que en el siglo pasado. Engañarla a través de la escritura suele ser un arte que tiende a ser cada vez más difícil, por ello los basamentos de la historia deben ser cada vez más sólidos. 


Trato de ser breve y conciso, aportando datos demostrados. 


Convirtiendome en el, creo que cuando me envuelvo y me baño de la escencia del personaje es cuando le doy ese plus que lo hace real. Se debe de sufrir, de amar, de vivir totalmente al personaje creado. 


Me pongo de su lado, así sea hombre, mujer, niño, anciano. Me pongo en su piel. Trato de describir personas y situaciones que son verosímiles, muchas veces rescatadas de la realidad, con algunos cambios convenientes para la trama, pero en general que sucedieron o pudieron haber sucedido. 


Teniendo mucha coherencia en lo que hace y dice. Quizá centrándolo en la propia realidad, aunque personajes como los superhéroes no son tan reales, tienen que tener un toque de certera realidad.
Mis personajes salen del puro sentimiento con el que escribo en ese momento; cada uno de ellos se basa en ese sentir, toma un cuerpo y una mente propia, que aunque imaginario, logran tener un rostro y una forma de ser. No suelo ponerles una psicología esencial o características singulares, cada uno de ellos toma cada palabra que plasmo y se van creando conforme el sentimiento crece o disminuye.
 


lo baso en sentimientos puros y trato a que se relacionen con mi vida generalmente trato de escribir historias donde me gustaría ser la protagonista 


Ilustraré esta respuesta con una anécdota personal real:

Cuando era niño me pasó que conocí a un sujeto increíble con todas las letras de esa palabra. Pesaba 250 kilos y medía poco más de 2 metros 60. No había entrado en ningún libro de Récord Guiness, Ripley's, o afines, porque no salía de su casa por vergüenza. Yo lo conocí porque mi papá le llevaba la auditoría. El hombre era millonario porque lideraba una empresa de libros minúsculos, de esos que tienen el Quijote, o la Ilíada en hojas de 4 x 3 cm. Aparentemente ese señor había creado el concepto, como parte de un chiste personal acerca de su gigantismo, y luego se dedicó de forma seria a ello, pero la empresa no marchaba bien porque sus empleados no podían mantenerle el respeto ante tamaña incongruencia hombre-libro. Así que despidió a todo su personal, contrató a uno completamente nuevo que no lo conociera y comenzó a dirigir su empresa sólo por teléfono. De esta forma nació el éxito de los libros miniatura a mediados de los años 70. Cuando mi papá era su contador personal, empezaban los años 90 y la empresa había perdido empuje. Mi papá comentaba del tamaño asombroso del hombre y nos llevaba a casa libros minúsculos que le regalaba como souvenirs. Entonces yo le pedí conocerlo, mi papá le hizo la petición a él y accedió. Estuve en su casa poco menos de 5 minutos, mientras mi padre le dejaba unos libros de contabilidad ya revisados y controlados. Fueron los 5 minutos más grandiosos de mi vida, y desde entonces empecé a contárselo a todo el mundo, pero nadie me creía. Decían que era una exageración, y ya luego que crecí me decían que quizás lo veía así de grande porque apenas tenía 8 años y a esa edad todo luce desproporcionado. Tanto insistieron en la falsedad de la historia, que aquel hombre se hizo pequeño en mi recuerdo, y por mucho tiempo se me hizo imposible entrar en su casa en los viajes de mi memoria, y no decepcionarme de que hubieran robado la credibilidad a los más gloriosos minutos de mi vida infantil. Hasta los 15 años pretendía volverme contador sólo por la esperanza de llevar los números al gigante de los libros liliputienses (exagero; tenía otras motivaciones más maduras, pero ése era una suerte de chiste personal que me gustaba hacerme). Más tarde me definí por la psicología, para tratar de convencerme de que no estaba loco (aunque no concretamente por ese asunto, sino por otros mucho más complejos, que ahora no vienen a cuento). Hoy no me cabe duda de los 2 metros 60 y los 250 kilos del editor más grande del mundo, aunque su recuerdo ya esté bastante vencido y borroso. Sin embargo, hasta el día de hoy había decidido no contar más la historia, para no seguir alimentando la idea de que me gustaba inventar mentiras extravagantes.

Hoy lo hago porque esta historia viene como anillo al dedo para hablar de lo que hace creíble a un personaje. ¿Qué hubiera pasado si lo escribía en un libro? ¿El contexto del libro le imprimiría la credibilidad necesaria para que alguien lo terminara de leer convencido de su realidad, cuando menos ficcional? ¿Entonces, es el contexto que rodee a la historia lo que la hace creíble o sólo depende de la historia? ¿Y más allá del libro que arrope a la historia, se necesita un contexto ficcional adecuado para que el personaje pueda ser creíble? Y ya luego, ¿qué debe hacer el personaje dentro de ese contexto para que sus acciones convenzan al lector?

Y hago una última pregunta: ¿De verdad creyeron esta historia? Si es así es porque el buen lector quiere dejarse convencer. La literatura no debe hacer mucho para convencer a nadie de lo increíble. Si alguien toma un libro es porque se ha dispuesto a convencerse de lo que en él hay. Ya por ahí el trabajo está hecho a la mitad. La otra mitad del trabajo no es demasiado compleja. Sólo hay que manejarse con intuición sobre los propios personajes, y dejarse llevar con empatía sobre ellos, ya sea que se trate de un emperador al que le han diagnosticado una enfermedad mortal o de un monstruo de 7 cabezas y cuerpo gelatinoso. Mientras más apegado a las leyes reales sea el personaje, más difícil será no caer en decisiones sobre sus acciones que algunos lectores considerarán inadecuadas. Pero, ¿quién ha dicho que la literatura se nutre sólo del realismo? Así como en las artes plásticas está el cubismo, el puntillismo, el surrealismo, etc., en la literatura también podemos jugar con los niveles de realidad y absurdo en lo que escribimos. Yo, en lo particular, procuro trabajar con personajes, escenarios y argumentos un tanto absurdos, además de un contexto poco elaborado en términos descriptivos, para facilitarme el hecho de que lo que hago resulte creíble. Así que ese otro 50% del trabajo de crear credibilidad tiene mucho que ver con las elecciones previas que se hagan en términos de estilo y marco contextual. A veces hay que dejar al personaje ser libre: quizás nos gustaría que bese a la chica hermosa, porque es lo lógico, lo necesario, lo que nosotros haríamos, lo que nosotros no haríamos pero nos encantaría hacer, lo que los lectores quisieran leer, lo que los críticos aplaudirían, lo que vendería, lo que daría el giro necesario a la historia, etc.; pero muchas veces lo que un personaje haga en nuestras historias puede y debe romper con todo esto, con toda credibilidad, con todo apego técnico o intelectual, y allí es donde está lo grandioso. Después de todo, la vida real también está llena de vacíos de credibilidad, de personas que realizan acciones absurdas, innecesarias, contrarias a la lógica, a lo que haría la mayoría, a lo que a la mayoría le gustaría hacer, etc. Para reivindicar a la credibilidad en la literatura, hay que tratar de desprenderse de su estigma, y permitirse libertad, y regalársela a los personajes. Para mí es allí donde está la clave. Y no digo más.

PD: La historia del gigante no es real (lo único real es la profesión de mi papá y la mía). Por si a alguna persona le seguía quedando la duda.
 




Todo personaje tiene un punto en su personalidad, muy sutilmente camuflado, que pertenece a la personalidad de su creador, el escritor. La credibilidad de un personaje es como la perfecta visión de un buen dibujo: buenas líneas, trazos seguros, sombras apropiadadas, etc. En la escritura pasa lo mismo, un buen personaje se carga de cosas creíbles, de personalidad creíble, de accionar creíble. Aún en el surrealismo los personajes pueden ser tremendamente creíbles.

Los personajes en mis historias son por lo general jóvenes. La fisonomía del personaje y su personalidad la adapto y moldeo antes del texto si es un relato corto o en los primeros capítulos si es un relato más largo.
 



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